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La nave que debía salvar al telescopio Swift tiene ahora sus propios problemas
LINK, la nave lanzada el pasado 3 de julio para rescatar al telescopio espacial Neil Gehrels Swift, lleva varios días girando sin control tras el fallo de dos de sus sistemas de orientación.
Una misión de récord con un tropiezo inesperado
El telescopio Swift fue lanzado en 2004 para investigar explosiones de rayos gamma y lleva más de veinte años de servicio impecable. Sin embargo, la intensa actividad solar reciente y el desgaste natural de la atmósfera han ido arrastrándolo hacia una órbita cada vez más baja e inestable.
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Ante ese escenario, la NASA invirtió 30 millones de dólares en construir LINK, una nave de la compañía Katalyst Space Technologies, en apenas nueve meses. El plan era que LINK usara tres brazos robóticos para agarrar el telescopio a unos 350 kilómetros de altitud y, después, empujarlo con propulsores de xenón hacia una órbita más segura.
El problema llegó poco después del lanzamiento: dos de las ruedas de reacción —las encargadas de controlar la orientación de la nave— dejaron de funcionar, y el sistema de propulsores de gas frío empezó a dar también fallos. El resultado: LINK lleva días girando sin control y con comunicaciones intermitentes con Tierra.
La parte positiva, según informó Katalyst el 28 de julio, es que los sistemas de propulsión eléctrica, robótica y energía funcionan correctamente. El equipo trabaja para frenar la rotación usando los propulsores eléctricos orientables, con primeros resultados alentadores aunque queda mucho camino por recorrer.
Lo que ocurra con LINK también importa más allá de Swift: el Telescopio Hubble empieza a mostrar un declive similar, y sus responsables observan esta misión para decidir si una operación de rescate similar tendría sentido o si sería preferible dejarlo retirarse.
Fuente: Xataka